viernes, 27 de abril de 2012

Yo


Cuando no era más que un pequeño pensamiento en una mente alejada que no me deseaba, que pensaba en mí como una posibilidad de un futuro lejano, nací, sin querer, gritando al mundo una renuencia temprana y empecinándome en ver la luz, llegué.

Fui fruto de crueldad y mentiras y desdeñé el seno que intentaba darme a comer los sueños desechos de una maternidad desgraciada, crecí entre un mundo y otro y supe sin saber en realidad como; que había perdido algo de mí.

Aún hoy puedo sentir esa presencia silente y persistente como un ente que no me toca pero me roza, no me empuja pero me induce, por momentos le temo.

He probado frutos sin madurar de fuentes sin crecer, apresando aves antes de dejar el nido y me he dado cuenta con cierta sorpresa repulsiva que aún los añoro, a él le gusta, demasiado, escuchar los lamentos entrecortados de yacimientos donde los deseos son solo cuentos.

Cuando caminé por primera vez sobre el mundo lo hice de la mano de quien no manaba el motor que impulsa la maquinaria por momentos cansada y trémula de una jaula en que se convertido mi cuerpo, barrotes, mis limitaciones humanas que mi mente fantasiosa aprendió a dejar a la deriva cuando las primeras letras sin sentido tomaron significado frente a las ventanas que no cierran por dentro.

Ahora, sin venir a cuento, no soy más que un peón de un mundo que gira porque nadie le empuja y una sociedad amoral que se autodestruye, de cínicos y hipócritas, de payasos y aduladores, donde habito como un ser ajeno a este por carecer de todas las condiciones anteriores y tener más defecto de sinceridad cruel e una mente intrínseca que sueño, llora y respira porque aún está viva.

Que no me deja volar.